OCTUBRE, AYER Y HOY

Por: Horacio González

Sobre las numerosas crónicas existentes en torno al 17 de Octubre de 1945, podemos hacer un rápido agrupamiento entre las literarias y las políticas, sin que esto signifique una división tajante entre hechos obviamente entrelazados. Decimos literarias porque antes que en los hechos verificables, incluso hora por hora, existe sobre ese día arquetípico una poética de la irrupción. Es aquello que de modo inesperado quiebra la quietud del momento y lo apacible de la naturaleza. “El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo”, dice en uno de sus párrafos del siempre recordado escrito de Raúl Scalabrini Ortiz. Se trata de una de las máximas escrituras sobre el 17 de Octubre, pero su basamento es la alegoría, siempre cercana del mito, aunque la alegoría remite en general a conceptos fijos o a imágenes, y el mito es un poder interno y sigiloso de la lengua.

Sobre las numerosas crónicas existentes en torno al 17 de Octubre de 1945, podemos hacer un rápido agrupamiento entre las literarias y las políticas, sin que esto signifique una división tajante entre hechos obviamente entrelazados. Decimos literarias porque antes que en los hechos verificables, incluso hora por hora, existe sobre ese día arquetípico una poética de la irrupción. Es aquello que de modo inesperado quiebra la quietud del momento y lo apacible de la naturaleza. “El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo”, dice en uno de sus párrafos del siempre recordado escrito de Raúl Scalabrini Ortiz. Se trata de una de las máximas escrituras sobre el 17 de Octubre, pero su basamento es la alegoría, siempre cercana del mito, aunque la alegoría remite en general a conceptos fijos o a imágenes, y el mito es un poder interno y sigiloso de la lengua.

Antes que en los hechos verificables, incluso hora por hora, existe sobre ese día arquetípico una poética de la irrupción. Es aquello que de modo inesperado quiebra la quietud del momento y lo apacible de la naturaleza.

En el relato de Scalabrini está el sol, la plaza, los lugares de donde provenía cada columna -Lomas de Zamora, San Martín, ciudades donde el suburbio ya linda con el campo-, y se describen oficios y muy suavemente, particularidades étnicas. Está el tornero mecánico, el peón de campo de Cañuelas, el tejedor textil, el cobrizo, el rubio de Berisso, el de cabello hirsuto de tonalidades azabaches. Muchos años antes de esta famosa descripción de Scalabrini existía del concepto celebratorio del “crisol de razas”.Quería indicarse una Argentina donde todos los afluentes inmigratorios se integraran entre sí y a la vez con los núcleos humanos preexistentes, sobre todo los de raíz criolla más que estrictamente indigenista. Como sea, este ideal del “crisol” fue muchas veces refutado, con razón, por observadores agudos de la realidad nacional que percibían sin demasiado esfuerzo cómo se integraba más al inmigrante que al criollo y mucho menos al indio, pero con la salvedad de que a los primeros se le destinaban diversas servidumbres y moldes culturales disciplinadores, cuando no la expulsión. No era por lo tanto un crisol que fusionaba en medio de banderas políticas de igualdad y solidaridad, sino con un libreto escrito por las viejas aristocracias y oligarquías argentinas.La de Scalabrini, en cambio, parecía ser una descripción del 17 de Octubre apropiada para reclamarle a ese crisol que lo fuera en el sentido profundo, en lo político y lo económico. No lo desdecía, le otorgaba sus verdaderos signos de igualitarismo y justicia social, además de asignarle  una tarea redentora, ser el subsuelo de la patria sublevado, lo que sellaba ese caldero colectivo que fusionaba culturas diversas con un contenido libertario.

El  ideal del “crisol de razas” fue muchas veces refutado, con razón, por observadores agudos de la realidad nacional que percibían sin demasiado esfuerzo cómo se integraba más al inmigrante que al criollo y mucho menos al indio.

La idea de un “subsuelo” donde yacían verdades escondidas, trazos desarticulados de una voluntad antigua que esperaba un llamado para emerger, era antigua. Surgía de las teorías vitalistas que postulaban un hombre colectivo que vivía en la demora de su desbordamiento espontáneo. Percibir que esas masas salían del subsuelo repletas de goce emancipatorio, es lo que caracteriza el pensamiento de Scalabrini.

Pero también otros autores, adversos al peronismo, lo utilizaron para describir la jornada. Para Martínez Estrada, yacen en el pueblo mitos subterráneos también, aunque no sean los mismos que se agitaron con el peronismo. Carlos Astrada, uno de los más importantes y controvertidos filósofos argentinos, acuña asimismo la expresión “los hijos de Fierro”, para señalar que aquellos que protagonizaban la jornada octubrista, venían de lejos, y más precisamente, ya estaban intuidos en el mayor libro de la literatura nacional. Hoy, es justamente recordado el poemario de Leónidas Lamborghini, Las patas en la fuente.Por su parte, los estudios históricos y sociales sobre el 17 de Octubre son tan abundantes como imposibles de reseñar. Sin embargo, se pueden señalar algunos núcleos problemáticos, comentados en numerosos estudios, principalmente referidos a los antecedentes del peronismo.

El 17 de Octubre significa la percepción por parte de las clases populares ligadas al viejo y al nuevo sindicalismo, de que ese punto de modulación divergente en la historia argentina ya estaba en marcha. El peronismo surgía como novedad, sabiendo que mucho más lo sería si sabía retomar aspectos inconclusos de viejas sensibilidades sociales.

Son muchos los que indican un umbral necesario a las medidas estatistas, sobre todo las que se tomaron a través del Juntas Reguladoras de los años 30, los de la “década infame”, que de este modo lo resultaría solo en lo que respecta a la proscripción electoral del yrigoyenismo -que hizo en ese período tres insurrecciones armadas-, y no a ciertas decisiones económicas de intervencionismo estatal en materias que luego serían el terreno donde el peronismo desplegaría sus políticas públicas y planes quinquenales.No obstante, en materia de antecedentes parciales y más antiguos, en lo que hacen a legislación social, no es posible desdeñar lo que venía insinuándose como debate en el interior de las elites gubernamentales desde principios del siglo XX. Las obras de Joaquín V. González, Ernesto Quesada, la exploración social encomendada a Bialet Massé, todas ellas testimonios del lento surgimiento en la Argentina clásica de un sentimiento de “equilibrio social tutelado” regido por los dueños del poder y de la tierra.

El peronismo hizo dos cosas, tomó, desplegó y desarrolló mucho más autónomamente esas preocupaciones, y las dotó de una organización propia que elaboró otro tipo de Estado. El 17 de Octubre significa la percepción por parte de las clases populares ligadas al viejo y al nuevo sindicalismo, de que ese punto de modulación divergente en la historia argentina ya estaba en marcha. El peronismo surgía como novedad, sabiendo que mucho más lo sería si sabía retomar aspectos inconclusos de viejas sensibilidades sociales.No obstante, es imposible no reconocer que siempre los procesos históricos obedecen a una larga maduración, pero que hay hechos inesperados que son necesarios para ubicar en un espacio nuevo, de tipo azaroso e insospechado, los nombres aun inexistentes. Y el día 17 de Octubre tiene ese carácter imprevisto. Lo prueba el paro de la CGT dispuesto para el día posterior y el importante debate que se dio en su seno sobre el papel de Perón en los acontecimientos.

Las imágenes de ese día son fuertes y perdurables, no solo la fuente tan célebre, sino aquel tranvía con trabajadores en el techo o una columna entrando por la calle Victoria, hoy Hipólito Yrigoyen, desde Paseo Colón, con un pequeño cartel con la efigie de Perón.

Se discutía algo fundamental, que se conserva en las actas que tomó el taquígrafo de aquella reunión. Había acuerdo con el paro, pero no con sostener exclusivamente la libertad de Perón, a la que un sector sometía a un pedido general de libertad de todos los presos políticos. Por un lado, una consigna justa. Por otro, una manera de evitar la discusión clave del momento.

Hay otro episodio, al parecer minúsculo, pero que no es un detalle. Aunque sí otro hecho aleatorio, que hace que en la historia haya aspectos sólidos permanentes en las lógicas económicas o sociales, pero estos pueden ser intrascendentes sin los hechos fortuitos, la carne viva del presente. El general Ávalos, que hubiera podido reprimir la movilización social favorable al coronel Perón, le confiesa varias décadas después al historiador norteamericano Potash que no dio ninguna orden al respecto impresionado por las bajas militares que había visto cuando los destacamentos del golpe de 1943 avanzaban frente a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde hubo un fuerte tiroteo en el cual cayó el ayudante de campo del propio Avalos.

Es urgente que el movimiento obrero y todas las agrupaciones que lo tienen de referencia retomen la necesidad de un horizonte que reponga la vida justa y redima aquello que está ahora bajo amenaza.

Las imágenes de ese día son fuertes y perdurables, no solo la fuente tan célebre, sino aquel tranvía con trabajadores en el techo o una columna entrando por la calle Victoria, hoy Hipólito Yrigoyen, desde Paseo Colón, con un pequeño cartel con la efigie de Perón. Hay overoles y un niño con un pequeño redoblante. No se ve ningún bombo. Todos los signos que luego identificaron al peronismo estaban en formación.Esas imágenes primerizas nos hablan de obreros que comienzan un proceso de sindicalización masiva, y las muchedumbres entusiastas que los  conformaban todavía no estaban abrazadas por la exuberante cartelería que caracterizó a los Octubres posteriores. Se dijo muchas veces que fue el día de la irrupción de la clase trabajadora en la gran escena política nacional. Es cierto, si al mismo tiempo consideramos dos aspectos incontrastables. En primer lugar, los numerosos antecedentes que se venían preparando. Y luego, las noticias graves que nos trae el momento actual donde es urgente que el movimiento obrero y todas las agrupaciones que lo tienen de referencia retomen la necesidad de un horizonte que reponga la vida justa y redima aquello que está ahora bajo amenaza.

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