MARIEL FERNANDEZ. UNA TRABAJADORA PARA MORENO

Concejala de 2011 a 2015 y administradora del Instituto para el Desarrollo Local (Indel) durante el primer año y medio del mandato de Walter Festa, la dirigente de la CTEP disputa con el actual intendente y otros cinco candidatos las primarias del Frente de Todos. La apuesta es difícil, porque debe confrontar con la gestión actual –a la que critica con dureza, al punto de afirmar que “Moreno parece una zona de guerra” – y a la vez asumirla como parte de la construcción opositora que a nivel nacional enfrenta al macrismo. Asegura que desde que se conoció la fórmula Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el distrito “hay otra esperanza”.  Por Pablo Dipierri. Fotos: Gala Abramovich.

Un hormigueo incesante de militantes recorre cada resquicio del Teatro Roma, ubicado en el centro del partido de Moreno, en la última semana de campaña antes de las PASO. La precandidata a intendenta por el Frente de Todos, Mariel Fernández, recibe a La Nación Trabajadora en la oficina que se erige detrás del salón principal, separada por un luminoso patio. Antes de que arranque la conversación con el cronista, será consultada dos veces por compañeros suyos abocados a tareas logísticas contrarreloj: ese mismo lunes se realizará un operativo de odontología y, al mismo tiempo, tendrá que grabar un spot con sus asesores en comunicación.

A unos metros del living de la oficina, Esteban “Gringo” Castro, secretario general de la CTEP, conversa con una vecina. Un cuadro con la imagen de Evita domina el centro de la habitación, sobre la pared que se yergue detrás del confortable sillón que ocupará Mariel para esta nota.

Cuidadosamente maquillada y bien predispuesta, suelta de entrada que “la gente se siente estafada” porque al desgaste de los años anteriores sobrevino la gestión de Walter Festa, cuya performance no califica positivamente. “Fue difícil hacer campaña por eso. ‘No me vengas a prometer nada’, me dicen. Mi estilo no es ese, no vengo a decir que vamos a asfaltar todo Moreno. Planteo que hay que crear una cascotera y una asfaltera municipales para poder planificar las calles”, explica.

Con un entusiasmo curtido a pura gimnasia política, considera que “de a poco” los habitantes de la jurisdicción que se conoce como la “capital del plantín floral” comienzan a esperanzarse. Concejala de 2011 a 2015 y administradora del Instituto para el Desarrollo Local (Indel) durante el primer año y medio del mandato de Festa, ahora disputa con él -de cara a las primarias- el liderazgo de su espacio, el mismo que es opositor a nivel nacional pero retiene el poder del distrito.

Con siete candidaturas para el tramo municipal colgadas de la boleta nacional y provincial, Mariel saca dos conclusiones: por un lado, celebra la apertura para medirse en las urnas porque, estima, eso ayuda a sumar sufragios en la canasta de Alberto Fernández y Cristina Kirchner pero, por otro lado, teme que tanta oferta pueda llegar a sembrar confusión y “se diluya el voto”. Y en ese contexto, lanza: “La campaña se pone violenta porque tenemos muchas posibilidades de ganar, somos bastante perseguidos”.

Concejala de 2011 a 2015 y administradora del Instituto para el Desarrollo Local (Indel) durante el primer año y medio del mandato de Festa, ahora disputa con él -de cara a las primarias- el liderazgo de su espacio, el mismo que es opositor a nivel nacional pero retiene el poder del distrito.

-Me tocó entrevistar a otros candidatos a intendente para esta serie de artículos de La Nación Trabajadora y, aunque se trataba de dirigentes opositores al macrismo, no aparecía entre los postulantes del Frente de Todos este nivel de tensión entre ellos, como vos estás describiendo cuando decís que la campaña se puso agresiva. ¿Cómo toman los vecinos de Moreno este clima de crispación o tensión?

-No, creo que ni se enteran. Tampoco salimos e hicimos algo público porque le quebraron un brazo a un compañero, al que tuvieron que ponerle 7 tornillos y 13 puntos en una operación que duró 7 horas.

-¿En qué circunstancias le quebraron el brazo?  

-Se estaba poniendo muy violento a la hora de pegar carteles y hacer pintadas. Se estila entre los que se encargan de esa parte sentarse a conversar, tener un código en la calle. Y en realidad, lo esperaron y lo molieron a golpes. Nosotros paramos porque no podemos sostener económicamente una guerra de afiches y pintadas. No contamos con esos recursos.

-Como militante y como dirigente encabezaste manifestaciones contra el narcomenudeo y las bandas que iban copando territorios. ¿En qué situación se encuentra eso?

-Desde que es gobernadora (María Eugenia) Vidal, aunque te muestran en televisión operativos allanando bunkers, el narcotráfico se desarrolló más. Y también se nota una autonomía total de la policía, cosa que favorece al despliegue del narcotráfico…

-¿Puede la política contra eso?

-Yo creo que la política puede hacer cosas. El tema es cuando la política convive con todo eso, cuando es parte. Yo creo que es parte.

-Dado que pertenecés a una organización territorial con despliegue y predicamento, ¿de qué forma te imaginás que podrías desarticular esas redes si el 10 de diciembre te tocara asumir como intendenta?

-Primero, tiene que haber más control desde la Intendencia. Y por otro lado, creo mucho en la organización popular. Estamos llevando adelante políticas de tratamiento y prevención con las Casa Pueblo, pero por ahora es una iniciativa de una organización y queremos que sea política pública municipal. Por supuesto que vos no podés enfrentarlo solamente desde una política municipal, necesitás tener a favor a los gobiernos nacional y provincial también. Estamos hablando de un negocio que sólo puede compararse con la capacidad de blanquear ese flujo de dinero que tienen los bancos. Tiene que haber una política integral que convoque a toda la comunidad para que surjan promotores en tratamiento y prevención de adicciones. Hay que capacitar a las organizaciones populares, sumar a las iglesias cristianas y hacer un avance territorial desde el cuidado de nuestros pibes. Además, hoy no existen reuniones con el comisario o las autoridades de Gendarmería que están operando en el lugar. Es un tema grave porque nadie conduce a nadie y nadie interpela a nadie. Hay que retomar los foros de seguridad, que se iniciaron en los tiempos en que Felipe Solá fue gobernador. Es importante que la sociedad pueda interpelar pero no que interpele sola, sino que tenga el respaldo del Estado para hacerlo. Que vos puedas hacer un mapeo territorial con el comisario de tu zona y que te evalúe la comunidad pero también el Estado para ver cómo va esa situación. Si nadie interpela, nadie controla y no hay diálogo, cada uno hace lo que quiere en territorio. Tiene que haber control social.

Tiene que haber una política integral que convoque a toda la comunidad para que surjan promotores en tratamiento y prevención de adicciones. Hay que capacitar a las organizaciones populares, sumar a las iglesias cristianas y hacer un avance territorial desde el cuidado de nuestros pibes.

-¿Cómo está en Moreno la intención de voto en el tramo de la boleta presidencial?

-Moreno es un pueblo humilde. Es peronista y quiere mucho a Cristina (Kirchner).

-O sea que en Moreno ganaría la fórmula opositora a Cambiemos…

-Puede llegar a ganar con un 60 por ciento. Se va a ganar bien. Y también porque se abrieron las PASO en el municipio. El intendente tiene un 80 por ciento de imagen negativa y, si la única opción de la boleta era esa, la gente iba a votar en blanco o no iba a ir a votar.

-Te referís al tramo municipal…

-No. Todo. No iba a votar…

-¿La percepción sobre el plano local repercutía en el caudal electoral de la fórmula presidencial?

-Iba a perder votos la fórmula presidencial porque hay mucho enojo.

-¿En qué condiciones se encuentra el trabajador municipal de Moreno?

-Está muy mal. Hay mucha persecución, mucho maltrato, nunca más cobraron a término. No tienen los elementos necesarios para trabajar, no tienen ni abrigos ni botines. Y otra cosa que les pasa también es que no tienen tarea. Se sienten inútiles. Al no haber planificación, está todo parado. Hace 4 meses que no están saliendo en el obrador a ningún lado porque no tienen combustible ni para cortar el pasto.

-¿Es responsabilidad del municipio o la gobernación?

-Es por mala administración del municipio.

-¿Cuántos trabajadores de la economía popular hay en Moreno y a qué actividades se dedican?

-Te puedo decir a qué actividades se dedican porque no hay un relevamiento sobre la cantidad. Hay muchos changarines, desde albañiles hasta vendedores de plantas que visitan casa por casa con sus cajoncitos. Muchos vecinos se organizan como parquistas y prestan servicio en los countries. Son una especie de cooperativa sin formalizar. También hay muchos chiperos, como la mujer que amasa chipa para todos los vendedores de Moreno que trabaja en un centro cultural y tiene una lesión de tanto trabajar. Es muy difícil amasar el almidón de la mandioca, es una masa dura, compleja de unir. Le trajo problemas a la salud y hace unos años la vi y se había comprado una amasadora. Por otro lado, hay una feria de productores del Indel, que funciona muy bien. Es una política que ya lleva muchos años en Moreno. Y obviamente, hay ferias populares, en las plazas, como era el trueque antes. Cuando se va desarrollando la pobreza, se empiezan a llenar las plazas con gente que vende sus cosas.

-¿De qué manera podrías dar cuenta del deterioro económico de los últimos años?

-Justamente se ve en el tema de las ferias. La gente empieza a vender sus pocas pertenencias, como ropa que no usa. Ya es la feria del trueque. Para mí, lo más triste es cuando los laburantes venden sus herramientas porque eso quiere decir que no tenés ninguna esperanza de conseguir trabajo: vendés lo único que tenés. Quiere decir que no conseguís ni changas. Pero era más triste unos meses atrás, cuando no se generaba la unidad en el peronismo y te desesperanzaba todavía más. Uno decía “va a continuar el macrismo porque no nos ponemos de acuerdo entre nosotros”. Desde que se definió la fórmula Alberto-Cristina, ves que en Moreno hay ganas de participar en la elección. Hay otra esperanza. Y es por esa razón que es tan importante para nosotros esta elección: sumada la crisis económica al abandono del municipio, Moreno parece una zona de guerra.

Lo más triste es cuando los laburantes venden sus herramientas porque eso quiere decir que no tenés ninguna esperanza de conseguir trabajo: vendés lo único que tenés. Quiere decir que no conseguís ni changas. Pero era más triste unos meses atrás, cuando no se generaba la unidad en el peronismo y te desesperanzaba todavía más.

¿Por qué?

-Está todo estallado. Las calles están rotas, se cayeron cinco líneas de colectivo, hay basurales por todos lados. Tenemos una reserva natural, que es toda la ribera del Río Reconquista, llena de basura. Nosotros no estamos en otro país.

-¿Esto no pasaba antes, por ejemplo, cuando te referías a un gobierno que se desgastaba?

-No respecto del nivel de abandono. Moreno tiene un atraso en la gestión, con responsabilidades anteriores también, pero no el abandono total. Tenés, por ejemplo, Francisco Álvarez, un pueblo rural. Era una pradera y ahora es un pastizal.

El Gringo, los hijos, el feminismo

Oriunda de Cuartel V, la localidad más alejada del punto neurálgico de Moreno, su activismo arrancó muy temprano. De adolescente nomás, comenzó a participar del movimiento fomentista en su barrio, fue catequista a los 15 e integró una mutual de transporte, lugar que se convertiría en su primera experiencia laboral.

Allí Mariel se encargaba de tareas administrativas pero también participaba de las discusiones y había asumido menesteres organizativos para la juventud. Con la crisis económica que asomaba sobre el final de la convertibilidad, el mantenimiento de la epopeya se hizo cuesta arriba y ella renunció para que no tuvieran que echar compañeros. Enseguida empezó a desempeñarse en un hogar de chicos en situación de calle, donde conoció al actor Abel Ayala, galardonado por la película “El Polaquito” y reconocido actualmente por su rol en “El Marginal”.

En la conversación con LNT, se le quiebra la voz al evocar que ahí también conoció a su “primer hijo”, Jonathan, uno de los jóvenes que también pulula por el teatro y al que saludará con un beso y un abrazo al cabo de este reportaje. Cuenta, al respecto, que si quería adoptarlo debía irse del hogar. La proximidad del estallido social del 2001, la pulsión por jugarse y hacer algo por la organización del barrio y el amor por ese niño de 4 años y medio, se conjugaron en una alquimia poderosa.

Lo que siguió es la parte más conocida, quizá. Armaría su primer centro cultural, como un reflejo defensivo: “Las políticas neoliberales logran que vos tengas desprecio por lo popular y que creas que si estás desocupado es tu culpa porque no te capacitaste. Vos no podés luchar si no amás lo que sos”, enfatiza con la vista fija de sus ojos verdes.

-¿Cómo conociste al Gringo?

-Un amigo de él quería salir con mi hermana. Estábamos en un bar y él le vino a hablar a ella para presentársela a su amigo y yo me quedé hablando con él. Hablamos un montón esa noche. No pasó nada pero charlamos de cuestiones sociales y no nos vimos más.

-¿Y se volvieron a encontrar?

-Y nos encontramos en actividades militantes. Y este chico que salía con mi hermana -aunque después no funcionó- me pidió el teléfono para pasárselo a Esteban. Y ahí ya me pasaban cosas con él. Así que salimos un 25 de mayo. Y quedamos de novios hasta ahora.

-¿Cómo es el tema de los feminismos en casa?

-Siempre defendí los derechos de las mujeres aunque no hablábamos de feminismo. Como desde muy joven milité en política, me molestaba mucho la falta de equidad que teníamos nosotras. Me molestaba trabajar tanto, organizar un montón de cosas y nunca tener referencia. Pero no lo vivía como algo desde el feminismo. En un barrio es más difícil hablar de esos temas o llega más tarde. Así que yo fui empujando mucho porque quería participar de los espacios de discusión política y también lo charlaba con Esteban, porque es una buena persona pero se crió en esta sociedad. Fui aprendiendo y le fui enseñando cosas, como compartir las tareas o la crianza de León, nuestro hijo. Y después, como me reivindico trabajadora y el protagonismo lo tienen los que trabajan, son las mujeres siempre las que más trabajan. Entonces, en mi organización las que conducen son mujeres, porque somos las que más trabajamos. A eso le sumamos formación política y, en cuanto al feminismo, reivindico un feminismo comunitario. En los barrios, todavía tenemos algo de lo indígena: aunque yo sea una gringa, me crié ahí, no me identifico con un feminismo más popular o a la europea porque en el barrio las cosas se discuten de otra manera.

Me reivindico trabajadora y el protagonismo lo tienen los que trabajan, son las mujeres siempre las que más trabajan. Entonces, en mi organización las que conducen son mujeres, porque somos las que más trabajamos.

-Si llegaras a la Intendencia de Moreno, ¿serías la primera mujer en hacerlo?

-En 150 años nunca hubo una intendenta mujer. En este momento, Moreno necesita una intendenta mujer. Las mujeres tenemos la capacidad de hacer miles de cosas a la vez.

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