COMEDOR PALERMITANO

Por: Florencia Preatoni

Un comedor popular en pleno Palermo, el barrio cool, al que asisten unas 150 personas por noche para asegurarse una comida diaria. Su responsable es Carmen, una mujer de 72 años que nació en Bolivia y fue una de las que desfiló frente al cuerpo sin vida de Ernesto “Che” Guevara en La Higuera. La capacidad de organización social que logró mantener por veinte años es la contracara de una comuna organizada por la lógica entrepreneur. Fotos de Gala Abramovich.

La Comuna 14 es una de las preferidas por vecinos, vecinas y visitantes de innumerables nacionalidades para deleitarse con su amplia oferta gastronómica, sus parques, los paseos de compras y numerosas propuestas culturales. Seguramente pocos saben que allí funciona hace cerca de 20 años un comedor popular. Exactamente en Bonpland 1660.

Desde hace veinte años Carmen Mansilla Suárez del MP La Dignidad, organiza este espacio que actualmente recibe a 150 personas por día. Van en busca de un plato de comida que la mayor parte de las veces es el único del día. Viven en “situación de calle” y eso los obliga a transcurrir en estado de alerta: vigilar las pocas pertenencias y la calle que por definición es bardo.

-¿Cuándo y cómo comenzó a funcionar este comedor popular?

CA: -Empezamos en la lucha en la calle con otros comedores. Acá se reunía la Junta Vecinal de Palermo, yo participaba en el 2003, cuando el mercado no existía. Con la Organización teníamos una cooperativa de viviendas y al principio veníamos y hacíamos chorizos para vender y recaudar fondos junto a otro grupo de abogados y arquitectos que participaban. Los primeros que ocuparon este espacio fueron los artesanos de la calle Serrano, en ese contexto nosotros aprovechábamos para vender los chorizos.

Carmen se refiere al espacio que hoy ocupa el Mercado Solidario Bonpland, el teatro popular La Otra Cosa, el mentado comedor y un amplio pasillo al aire libre en el que eventualmente se organizan ferias. El típico mercado de abastecimiento municipal había dejado de funcionar hacía cuarenta años y estaba tapiado. Pasó mucho tiempo desde que el MP La Dignidad instaló el comedor hasta que el mercado pudo ser reabierto. Que el concepto de este mercado sea brindar un espacio para que pequeños productores y artesanos de la economía social y solidaria vendan sus productos a un precio justo fue, también, un logro de la tenaz Carmencita -como la llaman todos allí. El mercado de Bonpland no escapa a la mira de los negocios inmobiliarios de la Ciudad, y las compañeras y compañeros que allí trabajan enfrentaron y siguen enfrentando la lógica de los entrepreneurs gastronómicos.

Le damos comida a toda clase de gente. En este momento estamos atendiendo a 150 personas diariamente. Cocinamos desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde, hace 3 meses cocinábamos 8 o 10 kilos de arroz o fideos, ahora cocinamos el doble, tuvimos que conseguir otra cocina porque no dábamos abasto.

-¿Este predio pertenece al estado de la ciudad de Buenos Aires?

-Sí, pertenece al GCBA; y ahora estamos en la lucha porque este es un espacio donde el Gobierno tiene una mirada fuerte. Ahí empezamos a trabajar con los vecinos, abrimos el espacio. Se empezó a trabajar porque la situación era como la de ahora y salíamos a la calle desde las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde, no teníamos comida, comíamos solo arroz que conseguíamos y después empezamos con los comedores, les pedíamos a los vecinos para poder hacer algo de comida para el otro día, y luego, más organizados, íbamos en grupo a los supermercados con los tamborcitos y, si no, mandábamos cartas con petitorios para que nos den la comida y presionando al gobierno para que se haga cargo de la gente, de sus necesidades igual que ahora, salud, comida y educación. Yo hace 20 años que estoy en la Organización, antes teníamos un comedor en la calle Niceto Vega. Siempre en Palermo, después conseguimos espacio en Olaya, ahí estuvimos varios años y teníamos la Cooperativa de vivienda y ya empezamos como comedor acá, cocinábamos y dábamos comida. Hasta que a través de la lucha y los acampes, igual que ahora que seguimos luchando -venga el gobierno que venga-, conseguimos que nos den comida. Y si no cumplen seguimos luchando, la única forma de que nos escuchen es la lucha en las calles. Entonces logramos un convenio con el Gobierno. Le damos comida a toda clase de gente. En este momento estamos atendiendo a 150 personas diariamente. Cocinamos desde las 10 de la mañana hasta las 3 de la tarde, hace 3 meses cocinábamos 8 o 10 kilos de arroz o fideos, ahora cocinamos el doble, tuvimos que conseguir otra cocina porque no dábamos abasto.

-¿El gobierno porteño realiza algún aporte al comedor?

-El GCBA nos manda lo fresco por la mañana con un menú, pero nosotros no lo hacemos porque si el menú es milanesitas con ensalada, no se llenan, les hacemos lentejas siempre con carne, verdura, calabaza, cebolla algo más calórico, cocinamos como si fuera para nosotros. Conseguimos bandejas y descartables, justo hoy fui a comprar cucharas y habían aumentado al doble de una semana a la otra. Antes 100 cucharas me duraban 2 semanas y ahora 200 cucharas me duran 1 semana. Pero no sólo vienen personas en situación de calle, también vienen abuelos, mamás con chiquitos, gente que trabaja limpiando autos o en lavaderos pero a quienes el sueldo o la propina no les alcanza para pagarse la comida. El comedor es abierto, sin distinción de clase. Acá, el que quiere venir a comer, hace la cola y entra. Esto está lleno, les damos su bandeja de comida, si tenemos, les damos fruta. A veces hacemos pionono con dulce de leche y ellos nos dicen “esto me hace acordar a mi mamá”. Los tratamos como personas, no nos interesa la condición, ni color, ni su estado. Vienen muchos con sus problemáticas, con adicciones de alcohol y de otras cosas pero igual, siempre se los atiende y charlamos con ellos, escucharlos es muy importante, no es solo darles el plato de comida y andate, acá yo conozco mucha gente de varios años, sé todos sus problemas porque me los cuentan, siempre con una sonrisa. Aguantamos peleas entre ellos y tenemos que superarlo. Nosotros no llamamos a la policía ni nada, tratamos de que no intervenga, no es solo el pobre que cae en las adicciones, también han venido personas de buena situación económica y a pesar de tener de todo han caído en el problema de las drogas. Nosotros tenemos nuestro centro de día acá en al Abasto, tenemos en Barracas, en La Boca, tenemos 3 ambulancias, somos los primeros que hemos entrado en los barrios de las villas con nuestro camioncito de bomberos chiquito porque a veces las ambulancias no quieren entrar. Tenemos venta de gas en los barrios, la garrafa social. Acá el Gobierno nunca nos puso gas y yo pago $500 semanal la garrafa y para eso hacemos actividades, para recaudar fondos.

Escucharlos es muy importante, no es solo darles el plato de comida y andate, acá yo conozco mucha gente de varios años, sé todos sus problemas porque me los cuentan, siempre con una sonrisa.

-El Gobierno de la Ciudad aporta el alimento fresco ¿y lo seco?

-Lo seco también, una vez a la semana. Pero no nos alcanza. Todo llega acá y desde acá distribuimos a otros siete comedores, tres en Carbonilla, tres en Fraga y este que es una boca, por eso el camión viene acá y desde acá repartimos a los demás lugares. Yo antes tenía una bolsa de pan para que coman y otra bolsa para el que necesitase llevarse, ahora les tenemos que dar un pancito solo, por ejemplo hoy las compañeras y yo nos quedamos sin comida, preferimos darles a ellos, tratamos de que nadie se quede sin comida. Abrieron otro comedor acá en la calle Córdoba, pero hoy vino un grupo y dicen que les dan una bandejita con pedacito de milanesa, y se quedaron con hambre. Desde el Gobierno y desde la salita también nos mandan gente a comer acá.

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La ciudad de Buenos Aires posee un PBI per cápita mayor al de San Petersburgo, Río de Janeiro u Oporto, entre otras ciudades y es, sin duda, la ciudad más “rica” de Argentina. Sin embargo, la desigualdad –según las propias mediciones del GCBA- creció un 20% desde fines del 2015 a la fecha y el 10% de la población con mayor renta per cápita aumentó su participación en el ingreso del 30% al 33,1% en detrimento de los sectores medios y bajos. Estos datos no expresan otra cosa sino decisiones políticas.

-¿Comen acá o se llevan la comida a otro lado?

-Muchos vienen con su tupper y se llevan la comida, porque siempre es preferible que coman en familia, aunque, a veces, vienen y comen acá juntos. Muchos se juntan por zonas, Retiro, Recoleta, Plaza Italia, parque Los Andes. A veces salgo a la calle 11, 12 de la noche y me encuentro con muchos.

-¿Cómo es un día en tu vida?

-Yo vivo por avenida Corrientes y vengo 6:30 de la mañana todos los días, recibo la comida, reparto a los demás comedores, después dejo el menú -que siempre lo hablamos con las chicas- algo contundente porque lo principal es que salgan satisfechos. Yo siempre digo que esto es lo que me da energía para seguir, tengo buena salud. Ya con mis 72 años podría descansar, siempre les digo a mis compañeras, bueno este fin de año, ya es el último y me dicen que no. También tengo mi casa, tengo 8 hijos, 5 viven conmigo, 24 nietos y 10 bisnietos y todavía corro a buscar un nieto porque mi hija trabaja, lo dejo en mi casa y vuelvo acá, hasta las 19:30. También tenemos un espacio en la feria, trabajamos para que cada uno tenga su espacio, nosotros tenemos el espacio como Organización Social, hacemos feria americana, invitamos a feriantes los fines de semana, tenemos nuestro teatro popular La Otra Cosa, hay talleres de teatro. Nos han entrado a robar, el sábado quisieron entrar pero yo hice poner unas barras porque hay consolas, parlantes, pero seguimos trabajando. Vienen chicas (travestis) que son mis amigas yo ando por Palermo sola y saludo a todos, mamás con chiquitos, yo trato de conseguirles un lugar pero no nos dan. Ahora, esperemos que haya un cambio. Nuestra lucha va a ser que abran por esta zona otro comedor. Nosotros queríamos un comedor que tenga duchas, baños, porque muchos vienen y necesitan bañarse, yo les doy la ropa también, las medias, y si no hay les doy mis medias. Yo compré un tensiómetro y los días martes y miércoles ponemos nuestra mesita de salud, tenemos nuestras compañeras que son promotoras de salud, tomamos la presión, se hacen curaciones. La salita de Córdoba nos da algunos insumos, alcohol, Pervinox, gasas.

La ciudad de Buenos Aires posee un PBI per cápita mayor al de San Petersburgo, Rio de Janeiro u Oporto, y es, sin duda, la ciudad más “rica” de Argentina. Sin embargo, la desigualdad –según las propias mediciones del GCBA- creció un 20% desde fines del 2015 y el 10% de la población con mayor renta per cápita aumentó su participación en el ingreso del 30% al 33,1% en detrimento de los sectores medios y bajos.

-Las compañeras que trabajan con usted, ¿son voluntarias, son militantes?

-Son militantes y hay voluntarias también, que hace años que vienen, solo dos que reciben el Salario Social y otras que tienen hijos y necesitan la comida, vienen todos los días. Trabajan desde las 10 de la mañana hasta las 2 de la tarde o más. Yo siempre les digo que hay que ser humildes y hacer las cosas de todo corazón. Uno nunca está exento de que le pase algo, tengo un montón de nietos y puede pasar que un día alguien les alcance un plato de comida. Yo soy jubilada no cobro nada, trabajé en una empresa 13 años, corría de la empresa para acá.

-¿De qué trabajaba antes?

-Control de calidad en una empresa muy conocida, renuncié hace 2 años. Trabajaba y venía para acá, hasta las 7, 8 de la noche que es la hora en que me voy. Hago trabajo de tejido, les enseño costura a las chicas. Para mí trabajar todos los días es como una vitamina, un suero, siento que me da más salud. Yo voy a todas las marchas del Encuentro de Mujeres, no me pierdo ninguna, talleres, estadios, duermo en una bolsa y me levanto perfecta.

-Usted comenzó a militar en MTR, hoy MP La Dignidad, hace veinte años, y trece de esos años, además, trabajó en la actividad privada. ¿Y antes? ¿A qué se dedicaba? ¿Siempre desarrolló actividades solidarias, siempre fue una militante social?

-No. Yo llegué acá por necesidad. Yo soy de Bolivia, la parte norte, frontera con Brasil, cerca del estado Acre y del Río Mamoré. Después viajé para la zona donde falleció el Che Guevara. Justo trabajaba en una empresa de la Cámara de Comercio donde estaban los yacimientos petrolíferos. Un día vemos en las noticias que habían traído al Che Guevara para esa zona, que estaba en una camioneta. Yo ya sabía quién era él porque en esa parte del norte ya se lo nombraba. Entonces fuimos todas a verlo. Yo tenía veinte años. Él estaba en una camioneta tirado ahí, lo agarramos, lo tocamos. Todas se persignaban, tenía los ojos abiertos, parecía Jesucristo. Justo ahí conocí a mi marido que era porteño.

-¿Qué estaba haciendo su marido allá?

-Fue para trabajar en yacimientos. Ahí me casé y me vine a la Argentina, estuve en Salta y, sobre todo en Tucumán. Dos de mis hijos son salteños y el resto tucumanos. En el 2000 me vine a Buenos Aires, era la época de los trueques, yo quedé sola con mis hijos. Ni bien llegué mi hija me contó que se estaba formando una organización y una vecina me invitó a participar y me metí de lleno hasta el día de hoy. Participé de todas las marchas, los congresos, los conozco a todos los que estuvieron y pasaron por acá. Desde nuestro referente que es Rafael Klejzer hasta los otros nuevos. Viajé mucho a La Plata por reclamos, Mar del Plata. Siempre traté de trabajar y poner el cuerpo, yo no cobro nada porque soy jubilada y no puedo cobrar nada. Yo dejé todo, anillos, pinturas, a veces pienso que se pierden tantas horas arreglándose habiendo tantas cosas para hacer por otras personas. Yo vivo en un PH, y no me puedo comprar ni una bicicleta por toda esta situación con mis hijos, mis nietos. Me encargo de mi casa, mis animales, organizo todo acá, después vuelvo a mi casa y organizo ahí y después vuelvo otra vez para acá.

Un día vemos en las noticias que habían traído al Che Guevara para esa zona, que estaba en una camioneta. Yo ya sabía quién era él porque en esa parte del norte ya se lo nombraba. Entonces fuimos todas a verlo. Yo tenía veinte años. Él estaba en una camioneta tirado ahí, lo agarramos, lo tocamos. Todas se persignaban, tenía los ojos abiertos, parecía Jesucristo.

-¿Usted siente que hubo una transformación entre una Carmen y otra Carmen? Dice que dejó de ser coqueta y se entregó a este trabajo solidario.

-Sí, hubo una transformación. En este trabajo solidario, uno nunca puede sentirse superior cuando ve las necesidades de tantas personas. Yo trabajaba en Jazmín Chebar y nunca vine con el tapado, ni con los sacos, ni los zapatos, siempre con zapatillas, pantalones, me siento más cómoda así, nunca hay que sentirse superior a nadie porque no se sabe lo que nos puede pasar en la vida. Mi familia siempre me apoyó en mis decisiones, una de mis hijas estuvo en la juventud de la Organización, fue una de las primeras. Es toda una lucha de una vida, siempre hay que seguir en la lucha, día a día y pase lo que pase, por más que haya cambio de gobierno, nosotros tenemos que seguir siempre en nuestra lucha. Porque al estar en la calle todos los días las cosas se ven de otra forma, no hay que vivir en una burbuja, hay que salir afuera a ver las cosas que pasan y solo en la calle se puede vivir y sentir y estar a la par del necesitado. Acá no hay jefe ni patrón, somos todas compañeras, hay compañeros que hacen la limpieza hace años, porque hay que mantener este espacio, tuvimos jornadas de pintura, hay unos murales, tenemos compañeros muralistas. Acá vino gente que nos decía que las personas que vienen acá dan mal aspecto y nos querían poner mesitas con sombrillitas, pero no, eso acá no. Nosotros acá [Palermo] somos la mosquita en la leche. Sin embargo hemos tenido visitas de España (Barcelona), de Francia, México, para saber cómo se manejaba un comedor, nuestros nodos, porque tenemos también nuestras ventas de economía popular, y les contamos de nuestra lucha, y les gusta este espacio y cómo hemos sostenido tantos años este comedor.

-¿Qué tiene de particular este comedor respecto a otros?

-Hay comedores que trabajan con el gobierno. Además, este es el único comedor que recibe todo tipo de personas, gente que está borracha o travestis. Acá no se prohíbe la entrada a nadie. En otros lugares sí, hace dos meses cerraron uno en Lavalleja, que era del GCBA, me mandaron una nota pidiéndome que reciba a 31 familias y ellos me mandaron 31 raciones que no alcanzan porque cada familia son al menos 4 personas. No todas las personas que vienen están en situación de calle, vienen trabajadores que no pueden pagar todos los días $80 para almorzar. Nosotros no le negamos el plato de comida a nadie. Acá viene el que necesita. Los sábados trabajamos con el colegio Avellaneda, vienen los estudiantes, a los que yo les enseñé a cocinar, preparan la comida y salen por el barrio a repartir, porque los sábados nosotros no cocinamos. Nosotros luchamos por tener un parador, paradores para mujeres y para hombres, estuvimos 3 meses en el Congreso, nosotros queríamos conseguirlo a través del gobierno, ellos nos ofrecían algo en Provincia. Pero nosotros ya estamos acá y quisiéramos hacerlo acá, poder tener baños y duchas. En nuestros centros tenemos psicólogos, médicos. En el Abasto tenemos uno dedicado a la juventud, entran a las 9:00, desayunan, se bañan y hacen talleres y cocinan para vender hasta la tarde, luego se van de nuevo a la calle, por eso se llaman Centros de Día, algunos van a paradores, pero muchos no quieren ir a los paradores.

Nosotros acá [Palermo] somos la mosquita en la leche. Sin embargo hemos tenido visitas de España (Barcelona), de Francia, México, para saber cómo se manejaba un comedor, nuestros nodos, porque tenemos también nuestras ventas de economía popular, y les contamos de nuestra lucha, y les gusta este espacio y cómo hemos sostenido tantos años este comedor.

-Durante el invierno hubo una polémica que sonó bastante en los medios, estuvo Juan Carr y la movida de River a la que después se sumaron otros clubes de fútbol. ¿Sirven esas acciones para visibilizar o no?

-Pero fue un día nada más y se terminó todo. Es puro marketing, un solo día. Igual, de acá, han ido, les dieron una colchita pero después venían a comer acá. De qué sirvió eso un solo día, tendrían que seguir, hay tanta gente necesitada. Tenemos compañeros que fueron a colaborar en La Matanza con las inundaciones. Tenemos nuestra Organización en el Chaco, en Salta, en Tucumán, Jujuy, Córdoba, Rosario, La Plata, tenemos en casi todo el país, trabajamos con los tabacaleros, con los cañeros. Nuestra Organización está siempre trabajando, no solamente un día, y nunca salimos en la tele, nosotros trabajamos y no necesitamos salir en los medios. Tenemos también nuestro camión con venta de garrafa social. Tenemos un compañero que trabaja en provincia que fue muerto.

-¿En qué circunstancias?

-Porque en La Matanza peleaba por un barrio y ya lo habían amenazado para que no siga, y un día en una asamblea fueron y le pegaron un tiro. Siempre tenemos problemas con los narcos que no quieren que la Organización rescate a sus soldaditos que trabajan para ellos, el pobre siempre es el más expuesto, se arriesgan por cualquier cosa, la droga es un pulpo que atrapa y les cuesta mucho salir.

-¿La Dignidad se define a sí misma como un partido político, como una organización social, como un sindicato?

-Como organización social y tenemos también nuestro sindicato, trabajamos con CTEP, tenemos nuestra Obra Social y farmacia con carnet. Nosotros nos definimos como organización social.

-¿Participaron de algún proceso eleccionario?

-Sí, tenemos un compañero que entró en provincia con Kicillof, con la Lista del Frente para Todos, como diputado provincial. Hizo un barrio, se enfrentó mucho con la policía, en nuestra organización respaldamos a todos y nos juntamos como sea para apoyar un reclamo. Ahí tenemos que estar, para eso es la Organización. Por eso se llama Movimiento porque tenemos que estar en alerta para todo. Algunos quizás se acercan por otras necesidades y no ponen mucho el cuerpo.

-¿El tipo de comida que sirven cambió en estos últimos tiempos?

-Sí, hay gente que viene hace 8 años y que se acuerda que les preparaba unas milanesitas con puré o bifecitos, ahora no se puede. Nos llegan medallones de pollo, ayer hicimos 300 y los servimos con ensalada y pan.

En la cocina del comedor popular en el que Carmen libra su batalla diaria contra el hambre hay poco espacio y mucha voluntad. La inquebrantable voluntad de que los habitantes de un país que produce alimentos no pasen hambre y el anhelo de que la ciudad más rica de Argentina sea, un día, también, la más justa.

Siempre tenemos problemas con los narcos que no quieren que la Organización rescate a sus soldaditos que trabajan para ellos, el pobre siempre es el más expuesto, se arriesgan por cualquier cosa, la droga es un pulpo que atrapa y les cuesta mucho salir.

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