SOLAPAS ILUSTRADAS: SCALABRINI ORTIZ

Por: Lucas Nine

Esta selección de las grandes frases de la literatura universal, ilustradas por Lucas Nine, nos fue presentada por su autor como una “revisión gráfica del canon literario, realizada de coté y en librerías de segunda mano”. Con ustedes, los dudosos resultados.

Raúl Scalabrini Ortiz (1898-1959), fue un historiador, ingeniero, ensayista, filósofo, periodista y poeta argentino, entre otras muchas cosas. Fundador de FORJA, junto a Arturo Jauretche y Homero Manzi, escribió obras fundamentales como Política británica en el Río de la Plata (1936), vigente como en la época de su publicación para mérito del autor y oprobio de sus lectores.

En 1931, Scalabrini –el petiso Bernini que aparece en el Adán Buenosayres de Marechal- fijó el prototipo espiritual del porteño en su libro El hombre que está solo y espera, obra que la fortuna ha puesto hoy entre mis manos. El porteño de Scalabrini, firmemente prensado como una hoja de plátano entre dos secantes, quedó cristalizado para siempre en el “Hombre de Corrientes y Esmeralda”, criatura que atisba inquieta el panorama desde la ventana de algún café, aquejada por una comezón espiritual que ella misma no sabría explicar.

Al Hombre de Corrientes y Esmeralda me lo imagino entonces en un café, aunque no uno situado precisamente en esa esquina (el escenario decayó un poco desde 1931 y hoy pide a gritos un biombo). Pongámoslo entonces a esperar en una variedad de bares, cafés y piringundines ubicados en zonas algo menos anodinas, desde los cuales pueda contemplarnos a su antojo. Teniendo en cuenta que en estos tiempos la norma es la de locales más bien desiertos, El hombre que está solo y espera nunca se habrá encontrado tan solo, ni su espera será tan desesperada. Un café humeante a su lado completará el “efecto ekeko”, de probado patetismo.

Ahora que lo pienso, no es mala idea poblar los bares de Buenos Aires con este tipo de fauna. Los personajes de Calé o Medrano resultarían ideales, y unas cuantas Chicas de Divito subirían la apuesta. Tomen nota las autoridades.

“El Hombre de Corrientes y Esmeralda”

Capítulo de El hombre que está solo y espera, de Raúl Scalabrini Ortiz

Para no amilanarme ante los fantasmas que la imaginación procrea en las tinieblas, para no desorientarme en la maraña de variedades porteñas que a veces simulan desdecirse de un barrio y aun de una cuadra a otra, me dilaté en la nada fatua sino imprescindible creación de un hombre arquetipo de Buenos Aires: el Hombre de Corrientes y Esmeralda. En otro lugar aduciré las razones que me movieron a ubicarlo en esa encrucijada, para mí polo magnético de la sexualidad porteña (…).

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ritmo de las vibraciones comunes, un magnetismo en que todo lo porteño se imana, una aspiración que sin pertenecer en dominio a nadie está en todos alguna vez. Lo importante es que todos sientan que hay mucho de ellos en él, y presientan que en condiciones favorables pueden ser enteramente análogos. El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ente ubicuo: el hombre de las muchedumbres, el croquis activo de sus líneas genéricas, algo así como la columna vertebral de sus pasiones. Es, además, el protagonista de una novela planeada por mí que ojalá alguna vez alcance el mérito de no haber sido publicada.

No se alboroten, pues, los políticos ni los granjeadores de voluntades. El Hombre de Corrientes y Esmeralda no es ladero para sus ambiciones. Su nombre no figura en los padrones electorales ni en las cuentas corrientes de los bancos, ni en los directorios de las grandes compañías ni en las redacciones de los diarios ni en las nóminas de comerciantes o profesionales. No es un obrero ni un empleado anónimo.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda es el vórtice en que el torbellino de la argentinidad se precipita en su más sojuzgador frenesí espiritual. Lo que se distancia de él, puede tener más inconfundible sabor externo, peculiaridades más extravagantes, ser más suntuoso en su costumbrismo, pero tiene menos espíritu de la tierra.

Por todos los ámbitos, la república se difumina, va desvaneciéndose paulatinamente. Tiene sabor peruano y boliviano en el norte pétreo de Salta y Jujuy; chileno en la demarcación andina; cierta montuosidad de alma y de paisaje en el litoral que colinda con el Paraguay y Brasil y un polimorfismo sin catequizar en las desolaciones de la Patagonia.

El Hombre de Corrientes y Esmeralda está en el centro de la cuenca hidrográfica, comercial, sentimental y espiritual que se llama República Argentina. Todo afluye a él y todo emana de él. Un escupitajo o un suspiro que se arroja en Salta o en Corrientes o en San Juan, rodando en los cauces, algún día llega a Buenos Aires. El Hombre de Corrientes y Esmeralda está en el centro mismo, es el pivote en que Buenos Aires gira.

El mismo Hombre vertió las palabras puntuaIizadoras de su efectividad en el arresto sin cálculo de un acaloramiento, de un querer demasiado tirante o de un pequeño descuido del recelo personal, pacientemente incubado por mí. El Hombre nació en apuntes apresurados de un partido de fútbol, de un asalto de box, en las reacciones provocadas por un niño en peligro, en la agresión a un indefenso, en la palpitación de las muchedumbres de varones que escuchan un tango en un café; en el atristado retorno a la monotonía de sus barrios de los hombres que el sábado a la noche invaden el centro ansiosos de aventuras; en las confesiones amicales arrancadas por el alba, en los bailes de sociedad y en la embriaguez sin ambajes de un cabaret; en algunos comentarios perspicaces y también en personas que exageraban involuntariamente un motivo mitigado en los demás.

En todos y en cada uno vive el Hombre de Corrientes y Esmeralda. Se le desconocía. El conocimiento es casi una verbalidad, y los hombres que podían metrificar su voz se irritaban la garganta amaestrando oraciones extranjeras o evaporaban sus propósitos en un silencio lleno de mañanas que perezosamente se trocaban en ayeres…

Ahora debo partir, dado que el dueño de la librería viene en mi dirección, harto de mis fingidas vacilaciones. Los espero en una próxima entrega de “Solapas Ilustradas”, dispuestos a desafiar nuevamente la paciencia de la humanidad.

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