FRANCISCO CONVOCA A VER EL TRABAJO EN EL ROSTRO DEL OTRO

Por: Juan Carlos Schmid

Un texto del secretario general del Sindicato del Personal de Dragado y Balizamiento en relación al séptimo aniversario del papado de Francisco.

Desde 1967 a 2014, es posible trazar una línea de tiempo que refleje los últimos 47 años de la relación entre la tradición cristiana y el trabajo humano. Esa línea estaría integrada por las aportaciones a la Doctrina Social de la Iglesia de cuatro Papas: comienza por la encíclica Populorum Progressio (1967) de  Pablo VI, sobre el desarrollo de los pueblos, le sigue la encíclica Laborem Excercens (1981) sobre el trabajo humano, la Centesimus Annus (1991) una relectura de la Rerum Novarum de Juan Pablo II, considerada la primera encíclica social de la Iglesia, y concluye con la aportación de Francisco mediante la exhortación apostólica Evangelii Gaudium (2013) sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual, y la encíclica Laudato Si (2014) sobre el cuidado de la casa común.

 

Al interpretar al mundo sindical, Francisco ha puesto de relieve la reflexión sobre estos ejes:

Participación

Para poder incidir en la realidad, el hombre está llamado a expresar el trabajo según la lógica más apropiada a su propio destino. Hay que  ver el trabajo en el rostro del otro y la colaboración responsable como destino colectivo. Allí donde, a causa de una visión economicista, se piensa todo en clave egoísta y a los demás como medio y no como fin, el trabajo pierde su sentido civilizatorio. Participar es asumir el rol del sindicato como protagonista en la obra de Dios.

 

Solidaridad

El valor supremo de nuestra Organización es la solidaridad. No podemos quedar prisioneros de un sistema económico egoísta y salvaje, porque no se puede aceptar el chantaje de esta matriz. Cuando el empresariado, haciendo eje en la desocupación, dice: “Mire la fila que hay detrás suyo”, consideramos esa afirmación como inaceptable. Esa cantidad de personas que buscan ocupación, personas que quieren llevar el pan a casa, no solo para comer, sino para su realización, representan la dignidad. El pan para su familia. A estas personas hay que darles una respuesta. Por eso es un deber ofrecer la propia cercanía, la propia solidaridad. Entonces se hace ineludible abrirnos a un compromiso superador del movimiento obrero organizado y disponer nuestra fuerza para contribuir a ofrecer otro horizonte.

El valor supremo de nuestra Organización es la solidaridad. No podemos quedar prisioneros de un sistema económico egoísta y salvaje, porque no se puede aceptar el chantaje de esta matriz.

Libertad

La auténtica libertad del trabajo significa que el hombre y la mujer continúen la obra del Creador, hacer lo posible para volver a encontrar su meta: ser obra de Dios, que es el trabajo realizado que encarna y prolonga su imagen en la historia. Con demasiada frecuencia, el trabajo es víctima de opresiones en diversos niveles: explotación de nuevas organizaciones,  esclavitud que oprime a los más pobres; en especial muchos niños y mujeres que sufren un sometimiento que los obliga a un trabajo indigno. Tenemos que luchar incansablemente  para que el trabajo no sea instrumento de humillación, sino de esperanza y vida nueva.

 

Creatividad

Cada hombre y cada mujer tienen  una original y única capacidad para sacar de sí lo mejor del tejido sano de su corazón. Cada hombre y mujer es “poeta”, capaz de dejar espacio a la creatividad. Poeta quiere decir esto, pero eso solo se puede dar cuando se les permite expresar en libertad y creatividad. Allí están los compañeros de la economía popular ensayando diversas formas, sin lugar a dudas un ejemplo.

En el Foro Económico Mundial, conocido como Foro de Davos, habló de los problemas que le está generando al mundo la “ambición de beneficio a toda costa”, lo que ha causado un aumento de la pobreza y el dominio de la técnica y la economía sobre el bien común.

Los cuatro puntos señalados tienen una estrecha relación con el trabajo. En la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por razones evidentes, se viene abordando el desempleo y la inmigración. En el Parlamento Europeo, Francisco se animó a renovar el proyecto multilateral sobre “la sacralidad de la persona” reconfigurando la economía como promotor de la dignidad humana. En el Foro Económico Mundial, conocido como Foro de Davos, habló de los problemas que le está generando al mundo la “ambición de beneficio a toda costa”, lo que ha causado un aumento de la pobreza y el dominio de la técnica y la economía sobre el bien común.

 

Este período marcado por el protagonismo de Francisco y su tarea pastoral alumbra nuestra fe en que podemos construir un mundo con justicia social.

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