CANCIONES DE AGUA

Por: Gerardo Fernández

La música popular nacida a orillas del río se encuentra en el ADN cultural de nuestro país. Sus distintos autores nos traen historias que trascienden el paisajismo y se enarbolan como instrumento poético para soñar con una mayor igualdad. Ilustración: Martín “Rata” Vega.

Soy de los que creen que hay canciones de agua, así como de montaña y de pasto en la llanura. La canción de agua, además del paisaje con el sol atravesando los árboles al son del canto de los pájaros, contiene historias muy ligadas al trabajo no registrado y casi artesanal. En su gran mayoría, las canciones de agua son historias alrededor del río, cuentan sucesos en sus orillas, relatan sus arranques cuando inunda todo lo que lo rodea, hablan de los trabajos y sueños que pululan en su entorno.

Si bien la enumeración de canciones de río puede llegar a una extensión enorme podemos detenernos puntualmente en algunas que pintan muy bien el embrujo de esos callejones de agua tan atrapantes. Así como de sopetón, la memoria trae la imagen del jangadero que Jaime Dávalos nos regaló hace ya muchos años para que lo veamos en medio de tanta madera flotante:

Jangadero, jangadero:
Mi destino por el río es derivar
Desde el fondo del obraje maderero
Con el anhelo del agua que se va

Te quedás pensando en cómo habrá surgido una estrofa de tamaña expresividad, algo así como una foto exclusiva que condensa el relato sobre el trabajador y la belleza de su oficio. Pero como se dijo más arriba, hay canciones que se abarrotan en la memoria con relatos fenomenales como ese otro de Ramón Ayala que arranca diciendo:

Ya se va por la barranca
El viejo pescador, racimo de espuma y de metal
Colgando del hombro
El pan del agua que le dio, su amigo, el río Paraná

Y acá la imagen también es arrolladora ¿No lo ves al tipo yéndose con un par de peces sobre sus hombros? Dan ganas de pensar que la vida nos ha dado sinsabores pero también seres con una sensibilidad especial, condición necesaria para fusionar el pan con los peces. La canción popular tiene una carga visual que conmueve tanto a quien haya visto una escena de ese tipo como al oyente alejado del río que, pese a la distancia, llega a componer su propia imagen gracias a la precisión del poeta. Y si hablamos de describir el río tarde o temprano irrumpe Teresa Parodi:

Pedro Canoero
Te mecía el agua
Lejos de la costa
Cuando te dormías

Bienaventurados aquellos que han encontrado la muerte en pleno oficio, como Pedro canoero o como Enrique Mario Francini, ese violinista del tango que se encontró a la Parca en el escenario de Caño 14. Pero volvemos a las canciones de río y vuelve Ramón Ayala por la sencilla razón de que es un imprescindible:

De Corrientes vengo yo
Barranquera ya se ve
Y en la costa un acordeón
Gimiendo va su lento chamamé

Y surge otro dato que es preciso anotar: la geografía de la música. Cuando se conoce la Puna uno se familiariza de otra manera con el Huayno, y qué decir del sonido del acordeón chamamecero viniendo de una orilla del río. Pero hay una obra de nuestra música popular del litoral que es una belleza a pesar de la situación horrible que describe (y no es contradictorio decir que una canción que cuenta una historia dolorosa no pueda al mismo tiempo ser una belleza): el Long Play “Las voces de los pájaros de Hiroshima” que Los Trovadores grabaron en 1975 y se editó justo cuando irrumpió la dictadura. Ese disco se inscribe entre los mejores trabajos de nuestra música popular por la selección de canciones esenciales y el afiatamiento que a esa altura había logrado el cuarteto, sin duda una de las mejores agrupaciones de nuestra historia. Allí está José Junco, obra compuesta por el rosarino Chacho Müller con letra de Elena Siro, la gran poeta popular nacida en San Lorenzo.

A Don José pescador lo vi. al pie de la barranca,
lo vi entrar en el boliche para remontar la grapa.
Un junco va por el río, navegando una alpargata.
¿Cómo les va pescadores? José junco en madrugada
Si no remiendan las redes toda la pesca se escapa.

Este José pescador, canta rema, rema y canta.
Mira Junco tu canoa, cuidado José que hace agua…
Epa, que un río como este no ha de caber en la barca.
Este José está tan flaco que no necesita barca.
Este José está tan junco que camina sobre el agua.

Cuando una descripción es tan precisa, tan al detalle, es cuando la canción popular se torna reproductora de una conciencia política que se sitúa en las antípodas de la bajada de línea. Por eso no es casualidad que nuestra canción popular del interior esté cada día más acorralada sufriendo las consecuencias de un bozal feroz que, entre otras cosas, limita el acceso de los más jóvenes a nuestro cancionero, una forma sutil de cortar los vasos comunicantes entre generación y generación.

José Junco dura poco más de dos minutos, pero el clima y el arreglo son tan logrados que transforman la canción en una pieza histórica.

Cuando se muera José ya habrá otro junco en la playa
porque José pescador es pobre que no se acaba.
Pobre José, Pobre junco, pobre, pobre que no acaba.
Este José está tan flaco que mira pero no habla

y se va por la ribera con las raíces descalzas.En ella vemos buena parte de la historia de nuestro pueblo y el llamado para agudizar el ingenio, porque uno cree que ganas de cambiar este estado de cosas es lo que sobra. Algo tan simple y a la vez tan complejo.

Las canciones de agua describen historias que muchas veces trascienden el paisajismo y pueden ser un instrumento fabuloso para soñar con más igualdad. A ver si somos capaces de empezar por lo menos por difundirlas para que echen raíces.

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